sábado, 19 de noviembre de 2016

BODEGÓN










¿Cómo osar a componer una naturaleza muerta después de Caravaggio?

La luz recae sobre los laterales de cuatro piezas de fruta regordetas y bajas y un esbelto copón. Las frutas, hartas de la dominante hegemonía de la figura alta, deciden preparar una sutil revolución. Poco a poco reúnen sus fuerzas y, siguiendo la praxis marxista, se ponen en pie para derrocar a la clase dominante. ¡Liberación! ¡Liberación!

La gran copa cae inexorablemente, rendida ante los pies de sus antiguos vasallos. De igual a igual, al mismo nivel, derrotada. Las frutas celebran su victoria. ''¡Sí se puede! ¡Sí se puede!'' Por fin la anhelada igualdad. Tanto pensar en ella...

La copa no deja de pensar, mientras toca el suelo, en cómo volver a recuperar su posición privilegiada. ''Debo conseguirlo, pero no sé cómo...'' se repite constantemente. Pasan los días y la luz incide cada vez con menos fuerza. El mundo se está apagando. Ya no hay nadie que ilumine las altas vistas con su brillo y lujo.

Las frutas se frustran. ¿Acaso algo ha cambiado? Ahora deben compartir sus escasos alimentos desarraigados con el copón. ''Pues sí que nos ha salido bien la jugada...''.

La gran copa poco a poco se levanta y vuelve a erigirse por encima de quienes la habían hecho caer. Llega a estar de pie otra vez. Alta, bella, reluciente. Sus cristales ya no tienen polvo y vuelven a brillar, casi más que antes. ¡Aleluya!

Las frutas están abarrotadas. ''¿Y todo esto para qué?''. La manzana, apuntando con su rabillo al horizonte, susurra: ''Al menos ahora la copa sabe que puede caer''.

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